22 dic. 2013

CARTOGRAFÍA, SU HISTORIA Y SUS JOYAS. I - Por Alex Sazatornil

El arte de la cartografía, pues sería una desconsideración no referirse a esta ciencia como un arte, tiene un origen más bien incierto tanto en el cuándo como en el dónde apareció. Ciñéndose a los restos encontrados, consideraríamos algunas representaciones aparecidas en regiones como la actual Turquía (dibujo de la ciudad de Çatalhÿük del milenio VII aC) o en Mesopotamia (la placa de barro de Ga Sur del milenio III aC) como el inicio de la cartografía.

En épocas más recientes, los trabajos cartográficos aparecen más claros y de forma global con los hallazgos de mapas en Babilonia, el famoso mapa de la ciudad de Nippur datado en el 1500 aC., el papiro de Turín egipcio del 1150 aC, el mapamundi de Anaximandro del VI aC o los mapas de la ciudad china de Chang del siglo II aC (aunque existen referencias cartográficas en dinastías orientales del siglo IX aC).

Focalizándonos en Occidente y ya entrada la Edad Media, la situación del arte cartográfico se vio muy condicionada por las creencias religiosas del momento. Mientras bajo la influencia cristiana se buscaba de alguna forma una representación místico-religiosa, con los “mapas T en O” que buscaban representar el mundo bíblico, fueron los árabes, y su máxima figura en esta materia, Al-Idrisi, quiénes avanzaron siguiendo la tendencia ptolemaica en la creación de los ya entonces nombrados mapamundis y su famosa Tabula Rogeriana.


Con estas premisas y bajo las necesidades y nuevos conocimientos asociados a los avances en el comercio y la navegación marítima, se extendió el arte de elaboración de portulanos durante los siglos XIV y XV. Éste alcanza su máximo esplendor en la escuela cartográfica mallorquina, quiénes desarrollaron las primeras cartas náuticas conocidas (con permiso de cartógrafos genoveses o venecianos que se atribuyen tal acontecimiento). En éstas se buscaba la representación tanto de los elementos terrestres, concentrados en detallar toponimias y accidentes litorales, así como la inclusión de un sistema de cursos marítimos relacionados con la rosa de los vientos, pues el fin último de los portulanos era el facilitar el uso de la brújula en la navegación.


De esta escuela se conservan aun documentos y se conocen algunos de sus autores más insignes como Angelino Dulcert, Angelino Dalorto o Guillermo Soler. Aun así, seguramente, el trabajo más conocido fue el que realizó el relojero y fabricante de brújulas judío Abraham Cresques con la ayuda de su hijo Jafuda por encargo del infante Juan (posteriormente Juan I) como regalo al rey Carlos VI de Francia. Se trata del conocido como Atlas Catalán, elaborado en el año 1375, o bajo el nombre real de «Mapamundi, a saber imatge del món i de les regions que hi ha en la Terra i dels diferents pobles que l'habiten»


El Atlas Catalán se basa en una colección de 6 hojas adheridas sobre tablas de madera. Cabe mencionar que, si más bien 4 de estas son representaciones cartográficas, las dos primeras, cosmología y astrología, no resultan tales. 

De esta forma, la primera y segunda tablilla es la cosmografía. Esta incluye citaciones textuales de otros autores que arrojan datos en materia de astronomía o astrología y que pretenden resultar de apoyo a la difusión del saber sobre el mundo conocido o a la facilitación de la navegación marítima. Entre algunos de estos textos se discute sobre la esfericidad de la tierra, la edad del mundo, los ciclos de las mareas o un método de cálculo de la hora durante la noche. Estos textos se apoyan de figuras para su comprensión, representando una tabla de mareas, el hombre zodiacal o un esquema para determinar la fecha de Pascua.

El resto de tablillas conforman la parte geográfica, es decir, las cartas que conforman el mapamundi. La elaboración de estas tablillas y los elementos que representan siguen claramente dos líneas de trabajo diferentes según el conocimiento real que se tenía del mundo. De esta forma, las tablillas 3 y 4, correspondientes a las áreas que asociaríamos actualmente a Oriente Próximo y Asia, representan elementos con un origen más religioso e imaginario o asociado a elementos extraídos de “diarios” de viaje de la época como el Libro de las Maravillas de Marco Polo o Viajes de Juan de Mandeville. Es de destacar como conviven elementos cartográficos, aun con límites y representaciones poco exactas, con elementos ficticios, hasta tal punto de finalizar el plano con la aparición de figuras representativas de reinos orientales y una masa de agua inundada por islas multicolores, pero con una forma de océano circular que evoca a la posterior representación del Orbis Terrarum (el considerado primer atlas moderno). 

Las tablillas 5 y 6, aun siguiendo la estética anterior, se muestran como un portulano clásico, pero con un extenso nivel de detalle y realismo hasta el momento escasamente conseguido. Destaca para esta parte trazo del contorno litoral y de las islas mediterráneas (como se ha comentado el fin del mapamundi era principalmente un apoyo a la navegación, en este caso por el Mediterráneo), así como por ejemplo el curso de algunos ríos, como por ejemplo el Danubio, sus afluentes y las toponimias por los que trascurre. El mediterráneo occidental se aparece como una muestra de una altísima calidad cartográfica para la zona ibérica y el norte de África. 

A diferencia del caso oriental, en la zona occidental, el mapamundi culmina con una representación de una masa de agua basta y la aparición de elementos dispersos como algunos archipiélagos de los que se conocía la existencia o figuras de navegantes de la época. Asimismo, se representa por primera vez en la historia de los mapas, un elemento aun utilizado en la actualidad, la rosa de los vientos, con el nombre de los mismos en italiano (aunque en la rosa de los vientos de las tablas de cosmografía aparecen en catalán).

En conclusión, dentro de la historia de la cartografía y el desarrollo de este arte desde una perspectiva occidental, la escuela cartográfica mallorquina y el Atlas Catalán suponen un claro ejemplo de la necesidad humana de avanzar en el conocimiento de nuestro mundo y plasmarlo en un mapa, en este caso para el devenir del comercio mediterráneo, base de la expansión cultural y económica euroasiática y del norte de África a lo largo de la historia.

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