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12 ene 2015

LA ETERNA LUCHA DEL "GISERO"

Abro un pequeño paréntesis en la tónica habitual que seguimos en el blog de analizar cosas que ocurren a nuestro alrededor (con más o menos atino) para filosofar un ratito antes de dedicarnos a cosas más divertidas.

Ya sé que seguramente más de uno y más de dos me dirán que estoy desfasado, pero dada la experiencia reciente que estoy viviendo en eso que llaman “Máster GIS” en ESRI, me veo poco menos que en la obligación de abrir un debate  acerca del mundillo este de los Sistemas de Información geográfica. La cuestión es bastante simple de plantear pero, a la vez, bastante difícil de resolver. Un técnico GIS ¿ha de ser un usuario de herramientas de análisis o un programador de herramientas de análisis? Como soy don “erre que erre” con esta historia, voy a exponer de la forma más simple que sea capaz lo que pienso de este tema.

De un tiempo a esta parte se va imponiendo en el mercado un tipo de profesional al que llaman “analista GIS”. Seguramente cualquiera que haga una búsqueda más o menos simple en cualquier portal de empleo se dará cuenta de que es un perfil bastante reclamado, sin embargo creo que la denominación es bastante torticera. Detrás de ese nombre se esconde lo que debería llamarse “programador en entornos GIS”, que parece que es lo que hoy día está de moda. Parece que se han olvidado de los que nos dedicamos, con mayor o menor fortuna, al análisis de datos georreferenciados a través de estas herramientas (por tanto analistas), cuyo potencial es tan grande y abarca tantos campos que difícilmente se encontrará a alguien que sea capaz de sacarle todo el potencial que tienen.

Esto lo planteo porque soy alumno de un máster en el que, en esencia, se nos ha estado contando, muy por encima (para mi gusto), el funcionamiento de las herramientas de un software (todo el mundo tiene en mente cual) y finalmente parece que lo importante es programar. Pero ¿programar qué? No hablo de aplicaciones complejas, de nuevos algoritmos que desarrollen nuevas herramientas, sino la implementación de herramientas de visualización de datos con algún tipo de funcionalidad de consulta (espacial o directa a base de datos), que acaban siendo más una presentación meramente visual que otra cosa. Queda en un quinto plano el análisis de esos datos, parece que es más una cuestión de vender que de darle el uso real que, bajo mi punto de vista, tienen los GIS (o SIG… ya siento la “anglofonización”… pero es lo que hay).

He de recordar que estas herramientas se aplican a campos extremadamente diversos y que carecen de sentido si no se potencia la “vis” analítica. Usted puede programar lo que quiera, pero si sólo le da una salida visual, los datos se pierden en el abismo de la nada, y eso es a lo que se dirige el asunto. Geógrafos, geólogos, biólogos, ambientalistas, arquitectos, topógrafos, cartógrafos, ingenieros civiles o de caminos (o llámeseles como se les quiera llamar)… profesiones muy diversas que utilizan estos sistemas para analizar sus datos, pautas espaciales, morfologías, geometrías, etc… quedamos relegados a un segundo plano cuando nos especializamos en sacarle provecho a estas herramientas. Si un GIS es un sistema de gestión de bases de datos georreferenciadas que ayudan a la toma de decisiones… ¿dónde encaja aquí el perfil del programador?, supongo que en el desarrollo del sistema, pero no creo que encaje con la información que se gestiona en esos sistemas.

La programación me parece muy interesante, aunque yo me vea incapaz de acometerla, seguramente porque nunca tuve formación para ello, y la verdad es que tampoco la busqué, pero no niego su potencial y utilidad, pero creo que lo que se está haciendo es confundir un poco a la gente y, de paso, propiciar lo que yo llamo “intrusismo profesional”, quiero decir, yo no soy programador, aunque sea interesante que me familiarice con ciertas cuestiones que me faciliten la comunicación con un profesional de la programación y que juntos podamos acometer un determinado proyecto, no es mi labor el desarrollar aplicaciones, sino proporcionar contenido a esas aplicaciones, y esto se hace mediante el análisis y comprensión de los datos. 

Supongo que un programador en paro no estará a gusto con que alguien que ha aprendido cuatro comandos mal aprendidos se dedique a hacer su trabajo, como no lo estoy yo viendo cómo se pretende tener a programadores que hagan mi trabajo, porque no están formados para ello.

En un mundo en el que se busca la especialización constante, intentar mezclar las cosas con el fin de generalizar labores (y ya puestos, ahorrarse costos laborales) me parece cuanto menos un desatino, poco productivo y que deja el resultado del trabajo en algo muy liviano, dando la falsa sensación de que todos sabemos hacer de todo, cuando podría sacarse más rendimiento si cada uno se dedica a lo que sabe y deja a otros que hagan lo que saben. De paso, así, todos aprendemos un poco de lo que hace el de al lado, que no es nada malo, en absoluto.

Perdón por el discurso, es que estoy un poco harto que me quieran hacer mirar el continente y no el contenido.

19 may 2014

Filosofando sobre Geografía y SIG (o GIS…)

Hace mucho tiempo que vengo advirtiendo esa extraña costumbre del ser humano de olvidar el origen de las cosas. En la era de la revolución tecnológica se pierde la conciencia sobre el pensar, sólo porque funcionamos como autómatas y soñamos que, dando a un botón, resolveremos nuestros problemas (y voy yo y me lo creo).

Estos días, hablando con un antiguo compañero de fatigas me decía que en el blog faltaba meter un artículo de definición de la ciencia geográfica, que para nosotros resulta ser algo así como un compendio de muchas ciencias que facilitan la lectura del territorio, una ciencia que utiliza a todas las demás para entenderse a sí misma y entender el territorio, que explica por qué las cosas y los fenómenos no están homogéneamente distribuidos en el espacio (algún inconsciente de la vida diría que es como una paella a la que se le puede echar de “tó”). Recuerdo que en la universidad nos daban "charlas" sobre las salidas profesionales que la geografía nos ofrecía. En una ocasión nos mandaron a una arquitecta (de cuyo nombre afortunadamente no me acuerdo) que decía algo tan absurdo como que le gustaban los geógrafos porque tenían chispa. Sí, eso dije yo, ¿chispa?... en realidad, según su "maravilloso" discurso, se refería a que éramos buenos como bomberos esclavos, que servíamos para todo, aunque no pudiéramos profundizar demasiado en nada (salvo que nos dejen) y apagábamos muchos fuegos... Creo que desde ese día "adoro" a los arquitectos a nivel profesional. Ya se que no es bueno generalizar pero, salvo honrosas excepciones, lo que uno se encuentra por el mundo es un poco...en fin.

Al final el amigo y yo acabamos hablando de lo que nos había unido durante mucho tiempo, que era nuestra “especialización” en el mundo de los sistemas de información geográfica (que, a día de hoy, es una de las salidas más claras que tiene un geógrafo profesionalmente), sobre nuestra concepción de la cosa, sobre su propia definición. He de confesar que no me han gustado las definiciones tradicionales de los grandes gurús en la materia, pero reconozco que tengo por costumbre cuestionarlo todo aunque me equivoque una y otra vez. Sin embargo, he encontrado en ese proceso de cuestionamiento, un método de aprendizaje continuo.