9 oct. 2014

EL GRANDIOSO OFICIO DEL EXPLORADOR

Siempre nos han contado anécdotas de oficios que han ido despareciendo con el paso del tiempo. Este proceso, en algún sentido natural, se ha debido en gran parte al avance de la tecnología que deja obsoleta y/o ineficiente la mano humana para ese mismo trabajo. Pero otros desaparecen debido a que el propio desarrollo económico y las nuevas formas de consumo y urbanas hacen que haya trabajos que no encajen en las sociedades modernas (al menos en occidente). Entre estos se hace saber por ejemplo el pregonero anunciando los trapicheos del alcalde, el sereno vigilando las calles o el ascensorista.

¿Por qué esto en este blog?, pues para rendir homenaje a un oficio muy ligado a la cartografía y que ya no existe, o al menos en su concepción tradicional. Se trata del valeroso y admirable oficio de explorador. Me refiero al explorador clásico, al que va con pantalones cortos beige, calcetines en alto, gorro, rifle y séquito de exploradores/porteadores. Ése que diciendo que iba a encontrar oro, las fuentes de la vida eterna o cualquier rareza mitológica, consigue financiación de reyes o la Royal Geographical Society de turno y se marcha a un sitio sin la más remota idea de lo que se va a encontrar detrás del siguiente árbol, duna o montaña, donde antes no ha pasado nadie (o al menos no ha quedado registrado). Digo que se ha perdido este oficio simplemente porque sobre la tierra ya no queda nada que explorar, al menos, como he mencionado antes, “en su concepción tradicional”, quedando aún tres grandes frentes pero que serían otro cantar: el centro de la tierra, las fosas oceánicas y el espacio… Claramente inaccesibles, o al menos con la indumentaria antes descrita.

Bueno, entonces, el porqué de esta nostalgia y este rollo de los exploradores. Pues bien, este verano dando tumbos por África, Botswana principalmente, puse mucho en valor la valentía de los hombres (era un oficio y una época muy reservada con temas de géneros) que se fueron a ese continente y que, con algo de compañía local, se lanzaban a explorar, conocer y cartografiar nuevas tierras. Entre estos, y siendo predecesor de otros míticos como Stanley, Bauman o Livingstone, pude adquirir un mapa-diario de los viajes del Monsieur François Le Vaillant, concretamente una magnífica obra de arte, hecha para el rey Luís XVI por uno de los más famosos dibujante de mapas de la época Monsieur De Laborde, bajo el nombre de “Partie Méridionale de l'Afrique depuis le Tropique du Capricorne jusqu'au Cap de Bonne Espérance contenant les Pays des Hottentots, des Cafres et de quelques autres Nations”

Este romanticismo entorno al oficio de explorador-naturalista del siglo XVIII me sale porque Le Vaillant, en el fondo, tenía esta misma manera de pensar. Nacido en el 1753 en Surinam,  por eso no me extraña nada su pasión, de pequeño ya sentía admiración por el medio natural, a lo que se añadió su ferviente admiración por el romanticismo de Jean Jacques Rosseau respecto a la concepción del mundo que nos rodea y tal y como decía “viajar en la naturaleza como una experiencia de la libertad humana original”. Eso le llevo a ejercer como explorador-ornitólogo-naturalista y a viajar entre 1781 y 1784 por la zona de la colonia de Suráfrica. De esta forma realizó tres viajes concebidos como exploración geográfica y de recolección de fauna y flora:
  • 1r viaje por la zona del Cabo de Buena esperanza. Viaje corto del que no queda nada de su trabajo debido a el barco donde viajaban los resultados y la muestras fue hundido por su propio capitán al ver que iba a ser tomado por la marina inglesa (rollo guerra fría).
  • 2º viaje de 16 meses que le llevo hasta los bordes de la colonia por la zona del Great Fish River. Destacar como en este viaje se aproxima bastante a lo que aún era considerado “Pays Innconnu”.
  • 3r viaje de 6 meses por la zona del Orange River, frontera entre la actual Namibia y Suráfrica.


Partie Méridionale de l'Afrique depuis le Tropique du Capricorne jusqu'au Cap de Bonne Espérance contenant les Pays des Hottentots, des Cafres et de quelques autres Nations con las rutas del segundo y tercer viaje

Por lo que parece, el rey Luís XVI era también un devoto en geografía y la exploración del mundo. Por ello, cuando él, Le Vaillant, le regaló la primera jirafa que pisaba suelo francés en la historia y leyó los diarios de viaje en los que relataba estos casi en tono de libro de aventuras (con encuentros con animales, etc.), sintió suficiente admiración e intriga como para pedirle que trazara un mapa de sus viajes, poniendo a su disposición al mejor cartógrafo de la época, De Laborde. Con las indicaciones de Le Vaillant (que realmente tampoco sabía muy bien por donde había estado, lo que manda hue..), dibujaron este mapa realmente singular. Esta singularidad se debe a ciertos elementos que en él se encuentran y que le definen casi como un mapa-diario de viaje.

Para empezar, incluye lógicamente aspectos geográficos muy bien definidos para la época, principalmente las cadenas montañosas y cuerpos de agua, sobre todo intentando definir con precisión las cuencas fluviales de los ríos de la región.

Pero por otro lado, debido a la propia condición de naturalista y antropólogo de Le Vaillant aparecen los elementos que le dan esta característica de mapa-diario de viaje. Para ello, Le Vaillant incluyó dibujos muy realistas y por tanto antropológicamente enriquecedores (rompiendo con los moldes de cartuchos más fantasiosos de mapas anteriores), de las tribus con las que se encontró, los Hotentotes, los Cafres o Houswana (muy parecidos a los San) y Namaquois. Asimismo, aparece un cartucho principal en el que sale el propio Le Vaillant en el país namaquoi con su mujer (indígena) y su mano derecha, Klaas.


Cartuchos del mapa en el que sale Le Vaillant en un campamento y el referente a los Houswana en el que se observan sus vestiduras y armamentos

Por otro lado, el mapa está plagado de dibujos de especies de flora y fauna.  Expresamente los hizo dibujar en los puntos en los que el mismo se encontró dichos animales o plantas y entre otros incluye tres especies actualmente desaparecidas, como el bloubok. Eso sí, aunque en el mapa parezcan muy simpáticos, cuando se observan en la realidad, y así se los encontraba él, puedo asegurar que imponen bastante más respeto.


Fotografías: Alex y Víctor Sazatornil

Bueno, esta entrada era sólo para dar a conocer a uno más de esos grandes personajes trotamundos que tuvieron la oportunidad y sobretodo la valentía de conocer lo inaudito. Su legado, una firme posición anticolonialista y antiesclavista, que le llevo a morir sólo y arruinado, dos magníficas obras en forma de diarios de viaje « Voyage dans l'intérieur de l'Afrique » de 1790 y « Second voyage dans l'intérieur de l'Afrique » de 1796, y finalmente, debido a su faceta naturalista, en concreto como ornitólogo, importantes avances en dicha ciencia, así como el nombre que se da a algunas especies de pájaros actualmente como el Bateleur, Levaillant’s parrot o Levaillant’s cuckoo.

PD: Este apasionante oficio de explorador nos conducirá ineludiblemente a realizar nuevas entradas sobre el tema

4 comentarios:

Eudald dijo...

Molt bon article!!!

Alejandro Sazatornil Luna dijo...

Gràcies Eudald!!!

Jorge Daries dijo...

Inspirador y romántico post. Es una pena reconocerlo pero lo que ganamos con la facilitad de desplazarnos lo perdemos en la forma de viajar para conocer, entender y aprender de otras personas y otros paisajes. Abraçades Alex

Alejandro Sazatornil Luna dijo...

Muchas gracias Jorge!!! Totalmente de acuerdo contigo. Uno se preocupa más hoy en día por montarse bien el viaje que por conocer y comprender el sitio al que viaja...Espero que todo genial y seguro que estás como siempre deambulando al ritmo de Willy Fog
Un abrazo!!!

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